A diez años de un incendio

El 20 de agosto de 1999 se desató un incendio en Abantos que, hasta el día de hoy, sigue siendo la mayor catástrofe medioambiental de la historia de nuestra Comunidad.

Al cabo de este tiempo hemos asistido a un desarrollo urbanístico sin precedentes en San Lorenzo de El Escorial, con cientos de chalets adosados que rampan por las faldas del monte. Un crecimiento del que no podemos sentirnos orgullosos precisamente, porque es agresivo con el paisaje y con la calidad de vida de los vecinos. Chalets agrupados como colmenas, sin equipamientos, alejados de muchos servicios, con problemas de movilidad, sin soluciones para atender las necesidades de trabajo, ocio y educación de los nuevos habitantes.

Este desarrollo, que se ha realizado con sucesivas normas subsidirias, sin un Plan General armónico, ha hecho pasar las viviendas de San Lorenzo de las 8.000 a más de 11.000, según datos del Ministerio de la Vivienda, y la población desde los 10.000 a los 18.000 habitantes, sin que los servicios públicos: centros de salud, ocio, parques públicos, etc. hayan crecido en idéntica medida. 

Una gran mayoría de los vecinos que viven en San Lorenzo de El Escorial, no trabajan ni en el pueblo ni en la zona, se despalazan a Madrid. Tampoco tienen posibilidades de ocio abundan. En gran patrimonio heredado por los gestores municipales, su entorno natural y cultural se encuentra abandonado por ello. No es de extrañar por ello que las visitas al Monasterio, indicativas de la actividad turística de la zona, hayan descendido de los 699.000 del año 1998 a los 501.000 del pasado 2008.

Hoy San Lorenzo es una amalgama sin caracter, sin orientación ni planificación, después de una década de entregarlo a los movimientos especulativos más salvajes, a un modelo económico agotado. Y lo peor es que los planes presentados por el Ayuntamiento en su Avance de Plan General insiste en la misma linea.

 

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