Del cuento de la Lechera y de un aleccionador ejemplo ciudadano

Paseando por el enclave mágico del centro histórico de Santiago de Compostela, me topé hace unos día con un edificio contiguo a la Catedral que, encontrándose en estado de restauración, había escondido su fachada bajo un enorme cartel en el que se podía leer el siguiente slogan: “ter e manter”. Es decir, “tener y mantener”.  Mientras reflexionaba acerca de lo acertado de la frase y de lo oportuno de la actividad de proteger un patrimonio que también lo es del resto de la humanidad, envidiaba a los gallegos que me estaban dando repetidas muestras de cómo se afanan, no sólo en cuidar lo que tienen, sino en rescatar del olvido su historia mas arcaica.

Es el caso de un castro de finales de la Edad de Hierro –época prerromana- de tamaño medio que, según los estudios realizados, fue construido en el siglo IV a. C y abandonado a finales del siglo I d.C.  Aparentemente, no es más que un monte irguiéndose en solitario sobre el valle que alberga una pequeña población en la que se asienta un balneario y diversos establecimientos hoteleros: Cuntis, equidistante veinte kilómetros de su capital Pontevedra y de la ciudad compostelana.

 

El monte, un otero excelente de todo el paisaje del interior, frondoso y  fértil, había permanecido durante siglos acumulando maleza y vegetación guardando el tesoro de un poblado que se cree fue habitado por unos sesenta personas que fortificaron sus defensas y construyeron sus casas allí. Eran los primeros pobladores de la zona, los castreños autóctonos. Siglos después, todo vestigio de actividad humana quedaba oculto bajo el terreno, aunque el lugar ofrecía a la población un enclave muy especial  para hacer una gigantesca hoguera en la noche de San Juan. También esta costumbre acabó olvidándose, hasta que una iniciativa ciudadana comenzó a recuperar tanto el asentamiento humano, como la tradicional hoguera.

De cómo crear riqueza y conservar el patrimonio

En enero de 2001 se constituyó la Fundación Terra Termarum, entidad que se encaminó desde su inicio a la recuperación del Castro, teniendo como objetivo último la protección y promoción del patrimonio arqueológico de Cuntis. En el patronato de esta fundación participan desde los propietarios de los montes, a la asociación ciudadana promotora del proyecto, pasando por diversas empresas de importancia en la zona, el ayuntamiento y otras entidades. La iniciativa recibe, entre otras, aportaciones económicas de fondos europeos.

Los primeros años del proyecto tienen lugar entre los años 2001 y 2003, periodo en el que se lleva a cabo la tala y limpieza del yacimiento, se desarrollan conferencias y exposiciones y se recupera la tradicional hoguera de San Juan. Las excavaciones comenzaron en el año 2004 y han permitido documentar restos de 18 construcciones diferentes, de las que en la actualidad se pueden contemplar 10. Hoy Castrolandín es un yacimiento visitadle y abierto al público. La visita puede realizarse de modo autónomo, consultando la cartelería instalada en el castro, o solicitando una audioguía en la sede de la fundación Terra Termarum.

 

La sede se ubica en el centro de la villa de Cuntis, y en ella podemos ver una exposición acerca de Castrolandín, y el obradoiro de cerámica castrexa de la fundación. Visitando precisamente este encomiable establecimiento, que ofrece empleo y da riqueza a su municipio,  empecé a enseñorearme con mi particular cuento de la lechera.

Érase  que se era un jardín y un palacio…

En mi pueblo hay construido un Palacio, un Panteón y un Templo, conocido universalmente. Fue levantado por un rey dueño y señor de medio mundo, castigado por una oscura leyenda que ha ocultado su mejor faceta, que es la que nos ha legado además del famoso Monasterio, un patrimonio envidiable constituido por una maravillosa conjunción de monumentos y paisaje repartidos por todo el termino municipal. Desde el casco histórico que creció siglo tras siglo por impulso de la Corte, a toda la ingeniería de puentes, atarjeas, canalizaciones, pasadizos, el resto de los palacios y sus jardines, los caminos y todas las señales de una época que se asentaban sobre otras mas remotas, las árabes, las romanas, las vetonas…  Al igual que les pasó a los vestigios del pequeño poblado castreño, el paso del tiempo y ciertos avatares históricos-la desamortización de Mendizábal sin ir mas lejos- dejaron sobre el territorio una capa de descuido que, si bien no protegió especialmente estos tesoros, al menos impidió su destrucción

Todos juntos a proteger lo nuestro

Al igual que en el ejemplo gallego, no solo los ciudadanos, sino el propio Ayuntamiento fue el primero en encabezar el proyecto de proteger el patrimonio. Se creó un patronato constituido por distintas entidades y todos comenzaron a colaborar en la tarea de incorporar al conocido y prestigioso Monasterio y sus aledaños, el resto del legado protegido en su día por lo que se conoce como La Gran Cerca de Felipe II. Los puentes hasta entonces cubiertos de maleza y deteriorados por un mal uso, fueron limpiados, protegidos y señalizados. Los caminos que comunicaban unas propiedades palaciegas con otras, también fueron señalizados y preparados para el uso de un turismo hasta entonces desconocido que hacía que los visitantes permanecieran mucho más tiempo en mi pueblo, creando riqueza y dando trabajo. Se restauraron edificios. Los acueductos creados por el genial arquitecto real en su día, que habían casi desaparecido bajo el musgo y los frondosos pinares, como las arcas, los pozos de nieve y los miradores donde el paisaje diseñado para el rey, hace evidente que fue concebido como una contemplación en la lejanía, fueron rescatados uno a uno.

Se hicieron rutas con un transporte ecológico que, sin dañar la naturaleza, llevaba a los visitantes a zonas hasta entonces no exploradas. Una combinación perfecta y muy atractiva de cultura y entorno natural, ofrecía a un turismo potencial  una variada oferta de ocio y descanso.

El pueblo fue cada día a mejor

Comenzaron a proliferar los establecimientos de turismo rural, se habilitaron mas hoteles, se acometió una política de recuperación de viviendas y los jóvenes encontraron un lugar para vivir en su pueblo,  las terrazas de los bares y cafeterías permanecían siempre animadas, el pequeño comercio que había languidecido durante una etapa reciente, comenzó a resurgir con todo tipo de oferta, pues esa visita continuada de gentes que no sólo se contentaban con una rápida ojeada al interior y exterior del  conjunto monumental, sino que querían además conocer el resto de la historia y de paso, disfrutar de la otra oferta cultural: exposiciones artísticas de alto nivel, teatro, conciertos y distintas muestras de la creatividad de muchos residentes.

Las calles ya no aparecen desiertas al caer la tarde. Un circuito cultural cruzaba de norte a sur el casco histórico haciendo un trayecto que desde el Monasterio, pasaba por el Centro de Interpretación y llegaba hasta el Centro de Estudios Herrerianos que contiguo a un Mercado recuperado y lleno de tiendas, ofrecía al visitante un programa excelente de exposiciones, conferencias y demás. Más arriba, junto a la Parroquia, se erguía un recuperado Cine Variedades, ejemplo de la arquitectura de principios del siglo XX, que albergaba a un centro multidisciplinar de artes escénicas y ofrecía cine de calidad a un público agradecido.

Y… cataplás

Estaba enseñoreándome, digo, con este fantástico panorama para un crecimiento sostenido en mi pueblo natal, sin nada que envidiar a los gallegos, cuando el cántaro del cuento cayó de mis manos haciéndose añicos en el suelo, mientras evocaba las palabras de mi edil : “ No voy a proteger una zona que no tiene ni un árbol aunque sea una dehesa”.

Contemplando los restos del cántaro del cuento, decidí que lo que había que hacer era seguir contándole a la gente lo que pasa aquí, lo que pasa en otros lugares y empezar todos juntos a atar cabos, para que cada cual ocupe su sitio en esta historia y que mi pueblo no se convierta en una ciudad dormitorio más, sino en el enclave mágico cómo el que fue concebido, como Santiago de Compostela, como otros muchos que si mantienen lo que tienen.

 Para más información sobre el  yacimiento gallego se puede consultar la página web www.castrolandin.es .

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