UN LUGAR AMENAZADO

Felipe II supo integrar de forma única naturaleza, jardín y urbanismo alrededor de su Monasterio. Durante siglos este entorno único en el mundo ha conseguido mantenerse y enriquecerse con parajes y edificios singulares. Estos valores naturales, patrimoniales y paisajísticos de San Lorenzo,  admirados y reconocidos universalmente, han sido merecedores de los más altos niveles de protección: Patrimonio Mundial de la Unesco, Bien de Interés Cultural como territorio histórico, Parque Nacional del Guadarrama.

Lamentablemente, ni estas importantes herramientas de protección han podido frenar el paulatino deterioro que está sufriendo nuestro entorno en los últimos años. Gracias a la buena labor de Patrimonio Nacional, los bosques y edificios bajo su custodia siguen manteniéndose. Pero fuera de ese límite, la política municipal ha elevado enormemente la densidad de la edificación, acosando el casco histórico y alterando la contemplación del Monasterio y su entorno.

Pero lo que se plantea para nuestro futuro es más grave aún. Se encuentra en tramitación un Avance de Plan General de Ordenación Urbana que supondría un golpe irreversible para este lugar privilegiado. El suelo urbanizable aumentaría en un 400%, recalificándose más de 300 hectáreas de suelos protegidos, y permitiéndose la construcción en zonas verdes y jardines antiguos. Se construiría toda una nueva población con capacidad para miles de nuevas viviendas en la finca de Monesterio, a la entrada del territorio histórico. Si a eso le unimos los planes de desdoblar la M-600, se dibuja un negro panorama que favorece un urbanismo desbocado, especulativo y desfasado.

Lo peor es que, a pesar de que este PGOU está aún pendiente de aprobación, el equipo municipal va sacando adelante sus distintas actuaciones a través del poco ortodoxo procedimiento de ir aprobando sucesivas Modificaciones Puntuales de las Normas Subsidiarias.

Por otra parte, tanto en nuestro casco urbano como en las grandes fincas del interior de la Cerca Histórica de Felipe II, las edificaciones históricas no cuentan con la suficiente protección. Algunas sufren un auténtico abandono, como Monesterio, que está literalmente desmoronándose. Y se consienten reformas en edificios protegidos que alteran por completo su estructura original.

Los montes municipales tampoco reciben el respeto que merecen. Y a pesar de ser un lugar muy frecuentado por vecinos y turistas, se destinan a coto de caza casi hasta el límite de las viviendas.

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